Cuando sabes que el barco esta hundido….

Cuando sabes que todo está perdido, que el barco se hunde, y aún sigues ahí, todavía con la esperanza de algo bueno que pasara en el horiznte desesperanzador. Cuando sabes que el sudor que dejaste caer, la sangre que derramaste y las ganas que has puesto en construir ese navío se van por la borda como si nada y te dicen adiós descaradamente, como si nada. Cuando cada lágrima que brotó de tus ojos por ver tu sonrisa reflejada en el espejo, así como la melancolía que inundaba tu ser en esos días de invierno crudo y voraz. Invierno en el que borraste memorias, pasado, besos, lágrimas, amor perdido, ojos verdes, pupilas tristes que inundaban tu memoria y no dejaban seguir al que un día fue feliz en aquellas tardes infantiles, que ahora ya con años a cuestas ve a lo lejos aquel niño que tuvo ilusiones, soñó, aprendió a volar, voló y precipitadamente cayó al suelo, por la gravedad despiadada que inevitablemente lo dejaría caer sin compasión alguna.

Sabes que todo esta perdido, a punto de tomar aquella navaja oxidada para cortarte la yugular y acabar tu vida de una buena vez, es entonces que te dices a ti mismo «Esto es una mierda» y acabas con todo. Todo aquello que habías construido que ahora viste caer. Todo aquello que habías amado, que ahora viste derrumbarse poco a poco sin detenimiento y sin darte cuenta al mismo tiempo. Todo aquello que era tuyo, que dejaste a la deriva por no saber. No saber manejar la barca como debías haberlo hecho y ahora todo acaba. Como cada ciclo en la vida.

Todo acaba vertiginosamente y sin piedad, sin darte tiempo a nada más sino terminar el último respiro y morir, desangrando las ilusiones, los sueños, la poesía, los versos, la vida misma que ahora viste en un relámpago de dos segundos, cada palabra, cada lágrima sufrida, cada lágrima llorada que fue a parar a tu pecho para luego desvanecerse como si nunca hubiese estado allí. Desvaneciendo los recuerdos vacíos que estuvieron llenos de vigor, sangre, ganas, AMOR, y todo aquello en lo que creías fervientemente. Ahora todo se fue. Todo aquello se fue por la borda sin decir adiós. Para siempre, en la inmensidad del mar para naufragar en aguas de silencio y oscuridad. Sin ser tocados, leídos, besados, amados por alguien más. Alguien más que hubieses querido te dijera algo, más las palabras deseadas nunca estuvieron ni estarán allí para tí.

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